—ESTHER VAL PUBLICA UN RELATO CURTO NA VOZ——–
o día 31 de Agosto do 2007 foi publicado no dirario La Voz de Galicia o relato curto de esther Val " Fin", que pasamos a deixalo no bloggue para que todos os que se acheguen a es¡te movimento cultural podan leélo.
FIN
Era sin tan siquiera difícil mantener una conversación, así que no sé cómo pude escuchar sus palabras con total nitidez, como si todos los sonidos del mundo se pararan por unos instantes: «Tú me atraes».Tres palabras retumbando en mi cabeza.Nos conocíamos desde hace años y éramos buenos amigos, además de compañeros. Nunca hubiera esperado algo así, por eso sólo pude contestar un torpe y atropellado: «Por qué».-Verás, Ana, esta mañana mientras me afeitaba, pensé que los 48 años que ya cumplí tenían que servir para permitirme ciertas licencias. Ya somos mayores para no poder decir lo que de verdad llevamos dentro.Sentí una vergüenza adolescente que me hizo llegar hasta el sonrojo. Lo supe porque noté cómo me ardía la cara. Nerviosa, le respondí: «Te aprecio mucho».Tres palabras retumbando en mi cabeza.-¡Joder, Ana, ya sé que me aprecias. Hablo de gustar, desear, querer. Me gustaría saber si sientes algo parecido por mí. Tu respuesta no cambiará nada.-Estoy desconcertada. No sé qué decirte.-No quiero hacerte daño.-Lo sé. Tengo que marcharme, se hace tarde. Mañana los niños tienen entrenamiento. ¿Los tuyos?-Creo que también.-Nos vemos el lunes.-¿Te acompaño hasta el coche?-No, mejor no. Prefiero ir sola. Su pregunta quedó suspendida en el aire, sin contestación.
Escapé de su lado con disculpas y reprimiendo el deseo que su confesión había despertado en mí. Un torrente de sensaciones recorría mi cuerpo. Pasaban los meses y seguíamos viéndonos a diario en la oficina. En los ratos libres escribía para él versos de olas, vientos y acantilados, sin que lo supiera. Hasta que otra noche cómplice, como aquella de ruido y música, volvimos a encontrarnos. Hablábamos de la vida, de que era difícil luchar en contra del corazón, de los sueños? cuando me eché a llorar como una niña pequeña, a borbotones. Un beso dulce, antiguo, nos cogió desprevenidos. Juntó nuestras bocas en esa noche de «hasta siempre, te deseo lo mejor, yo también, gracias por quererme tanto». Duró tan sólo unos segundos. Tan pronto como quisimos darnos cuenta de que aquel beso estaba allí entre nosotros, para retenerlo, ya se había ido sin despedirse. Él me miraba con ternura, me acariciaba el pelo y me rogaba que no llorase más. Pero yo seguía llorando mansamente, sin poder sobreponerme a la tristeza y a la despedida. De repente, me invadió la sensación de que entre nosotros ya estaba todo dicho. La película se había terminado comenzar. Y en mi mente, como si fuese una pantalla de cine, sobresalieron unas letras grandes de Fin en color azul.
Esther Val
chúzame -